¿Qué es la obesidad? ¿Cuál es la frecuencia de obesidad?

Qué es la obesidad

La obesidad se ha convertido en uno de los problemas de salud más preocupantes de las últimas décadas. De hecho, las estadísticas afirman que desde el año 1980 hasta la fecha el número de personas obesas casi se ha triplicado en todo el mundo. En un primer momento este problema afectaba principalmente a los países más desarrollados pero hoy perjudica a gran parte de la población, según indica la Organización Mundial de la Salud.

A finales de 2014 alrededor del 39% de la población mundial adulta tenía sobrepeso, mientras que cerca del 13%; es decir, más de 600 millones de personas, padecían obesidad. Sin embargo, quizás lo más preocupante es que las cifras también han aumentado en los niños menores de 5 años: se estima que más de 42 millones de niños tienen sobrepeso, lo cual se ha asociado a un riesgo mayor de padecer otras alteraciones metabólicas a lo largo de su vida. De hecho, el principal problema de la obesidad radica en que es una enfermedad silenciosa, que tarda en mostrar su cara oculta y cuando lo hace, es difícil dar marcha atrás.

La cara oculta de la obesidad: Su modus operandi

La obesidad es una enfermedad crónica que se define por la acumulación excesiva de grasa en el cuerpo. De hecho, la mayoría de los expertos coinciden en que los hombres con más del 25% de grasa corporal y una circunferencia de cintura mayor de 102 centímetros y las mujeres con más del 30% de grasa y una cintura mayor de 88 centímetros sufren obesidad. Asimismo, quienes tienen un índice de masa corporal (el resultado de dividir el peso en kilogramos entre la estatura en metros) superior a 30 se pueden considerar obesos.

Sin embargo, al contrario de lo que la mayoría de las personas piensan, la obesidad no solo implica la acumulación de grasa y el problema estético, también afecta el funcionamiento del organismo. En realidad, la obesidad forma parte de lo que se conoce como síndrome metabólico, una alteración que supone un gran riesgo para la salud. Y es que el exceso de grasa en el cuerpo ralentiza la metabolización de nutrientes, a la vez que termina dañando órganos como el hígado, el páncreas, los riñones e incluso puede llegar hasta las arterias, provocando las conocidas placas de ateroma, que son la antesala del infarto y el ictus.

Hace poco se descubrió que las células de grasa, los adipocitos, son mucho más que un simple almacén de energía, son dinámicas e intervienen en diferentes funciones del organismo. De hecho, los adipocitos contienen numerosas moléculas que pasan a la sangre y se convierten en mensajeros, para regular funciones del sistema inmunológico, el cerebro y el hígado. También contribuyen a modular el proceso de coagulación de la sangre y vasoconstricción de los vasos e intervienen en la producción de hormonas como los estrógenos y los andrógenos.

Por eso, a largo plazo la obesidad contribuye a desarrollar enfermedades como las alteraciones cardiovasculares, la diabetes mellitus, la osteoartritis, algunos padecimientos gastrointestinales y determinados tipos de cáncer. Tanto es así que las estadísticas apuntan que cada año fallecen por lo menos 2,8 millones de personas, debido a las complicaciones provocadas por la obesidad.

Una buena noticia: La obesidad se puede prevenir

La obesidad puede estar causada por determinados medicamentos, por alteraciones endocrinas o por deficiencias en las hormonas sexuales pero un gran número de casos se debe a un estilo de vida sedentario y a una dieta desequilibrada, rica en grasas y azúcares. Esto significa que tan solo media hora de ejercicio tres veces a la semana, junto a una dieta equilibrada y sana, es suficiente para prevenir los problemas causados por la obesidad y el sobrepeso.

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